El colegio reúne a más de 700 deportistas de Perú y del extranjero en la edición 34 de su tradicional torneo, consolidado como uno de los eventos más importantes del circuito nacional y una vitrina clave para el semillero del tenis de mesa.
Nuestro colegio volvió a convertirse en el epicentro del tenis de mesa con la realización del 34 Open Internacional Juan XXIII, uno de los torneos más tradicionales y convocantes del circuito nacional, que este año reúne a más de 700 deportistas en una semana de intensa competencia.
El campeonato, que forma parte del circuito avalado por la Federación Deportiva Peruana de Tenis de Mesa, se desarrolla del 14 al 21 de febrero, en jornadas que se extienden desde las nueve de la mañana hasta las once de la noche, sin interrupciones. Durante estos días, el coliseo del colegio alberga partidos en múltiples categorías, desde los 7 hasta los 85 años, tanto en modalidades individuales, dobles y por equipos.
Un torneo con historia
Gerardo Sánchez, coordinador de deportes del colegio, destacó que esta es la edición número 34 de un evento que nació en las propias instalaciones de la institución. «Siempre se ha realizado en el colegio. Las primeras ediciones se jugaron en el primer piso del antiguo recinto de tenis de mesa, con apenas ocho mesas en un ambiente pequeño», recordó.
Con el paso de los años, el torneo fue creciendo junto con la infraestructura. Hoy se disputa en un coliseo acondicionado con 14 mesas reglamentarias, cumpliendo las exigencias técnicas de las organizaciones deportivas nacionales e internacionales.
El Open tuvo una pausa obligada de tres años debido a la pandemia, pero retomó sus actividades en 2024 y ha continuado consolidándose en 2025 y 2026, manteniendo su tradicional programación en febrero. «Se eligió esta fecha porque era un periodo sin muchos torneos, cuando los deportistas estaban de vacaciones y podían participar con mayor disponibilidad. Así se quedó como tradición», explicó Sánchez.
De semillero local a vitrina internacional
El objetivo inicial del campeonato fue masificar el tenis de mesa, especialmente entre los más jóvenes. «El Open se formó para que los pequeños empiecen a desarrollarse, a vivir la experiencia de un torneo grande. Poco a poco fue creciendo gracias a la participación de clubes», señaló.
Primero convocó a delegaciones nacionales y, con el tiempo, dio el salto internacional. Ecuador fue uno de los primeros países en sumarse, enviando numerosas delegaciones que buscaban foguearse con el nivel peruano.
Hoy, el torneo recibe entre seis y diez países por edición. En esta última participan clubes y deportistas de Venezuela, Estados Unidos, Chile, Brasil y Cuba, además de 35 a 40 clubes nacionales provenientes de Lima y distintas provincias.


Más que competencia: hospitalidad y comunidad
El colegio no solo ofrece infraestructura deportiva, sino también una experiencia de acogida para las delegaciones. «Tenemos un recibimiento muy grato porque conocemos a entrenadores y hemos visto crecer a muchos deportistas. Nuestra prioridad es que se sientan cómodos», indicó Sánchez.
Parte de esa hospitalidad incluye espacios de descanso y alimentación, donde no faltan bocaditos chinos, en sintonía con la identidad cultural de la institución.
La organización del evento, a cargo de la profesora Michele Santos, se planifica con meses de anticipación y cuenta con un equipo especializado liderado por la responsable de eventos deportivos, con el acompañamiento del área de coordinación.


Alta participación y proyección competitiva
La edición 34 alcanza los 720 deportistas inscritos, una de las cifras más altas en la historia del torneo. Además de las categorías formativas, el Open contempla divisiones de alto rendimiento. En la categoría Todo Competidor, la más importante, se otorgan premios económicos, además de trofeos y medallas. En la edición anterior, los campeones fueron los peruanos Jhon Loli, en varones, y Isabel Duffoo, en damas, reflejando el alto nivel local que caracteriza al certamen.
Con más de tres décadas de trayectoria, el Open Internacional Juan XXIII no solo promueve la competencia, sino también el intercambio deportivo y cultural, consolidándose como una plataforma clave para el desarrollo del tenis de mesa en el Perú y la región.


