El equipo remontó momentos decisivos en semifinales y en la final para quedarse con el título.
El último punto desató la celebración. Después de una final llena de tensión y emociones, el equipo de vóleibol damas menores de Juan XXIII se consagró campeón en ADECORE el miércoles 7 de octubre. Las deportistas demostraron carácter y determinación para remontar un marcador adverso y conquistar un título que venían persiguiendo desde la temporada anterior.
El camino hacia el campeonato exigió mucho más que habilidad técnica. Según explicó David Cárdenas, entrenador del equipo, el resultado fue fruto del trabajo realizado durante todo el año y de la experiencia acumulada en distintos torneos frente a rivales de buen nivel. Aunque las jugadoras atravesaron momentos difíciles al acercarse las instancias decisivas, la preparación mental fue clave para mantener la confianza y luchar hasta el final.
Uno de los mayores desafíos fue enfrentar al Colegio Santísima Trinidad en la final. El entrenador había observado previamente un partido de su rival contra el Colegio San Agustín para identificar sus fortalezas y preparar una estrategia. La presencia de jugadoras de gran estatura exigía concentración y una respuesta colectiva para contrarrestar sus ventajas.
Sin embargo, la capacidad de superar situaciones adversas ya había quedado demostrada en las semifinales. Cárdenas recordó que el equipo llegó a estar abajo por 11-4 en el tercer set y logró remontar para llevarse el partido. En la final, la historia volvió a ponerlas a prueba: perdían 14-12 en ese mismo set, pero consiguieron revertir el marcador y quedarse con la victoria.
«El trabajo mental es lo que nos hizo lograr el campeonato», destacó el entrenador, quien también resaltó la preparación desarrollada con el grupo desde comienzos de año. De las 24 deportistas que iniciaron el proceso, 15 quedaron en el equipo, en una dinámica de competencia interna que impulsó a cada jugadora a esforzarse para ganarse un lugar en las convocatorias.
La capitana Vania Bravo recordó que, al inicio de la temporada, el equipo tenía dudas frente a rivales que también se habían preparado intensamente. Para fortalecer la confianza, las jugadoras acordaron celebrar sus puntos y animarse mutuamente durante los partidos. «Hablamos sobre celebrar nuestros puntos para que todas nos sintiéramos confiadas y pudiéramos mejorar nuestro vínculo como equipo», contó.
Esa estrategia fue dando resultados a medida que avanzaba el campeonato. Según la capitana, la asistencia constante a los entrenamientos les permitió conocerse mejor y fortalecer su relación dentro de la cancha. Durante los encuentros, las jugadoras procuraban ayudarse para que ninguna perdiera la confianza, incluso en los momentos más difíciles.
En la final contra Santísima Trinidad, después de perder el primer set, el equipo consiguió controlar los nervios y mejorar sus saques y recepciones. Vania, quien juega como punta, también buscó identificar los ángulos desde los que atacaban sus rivales para orientar a sus compañeras sobre cómo posicionarse. Cuando el marcador llegó a 14-12 en contra en el tercer set, la tensión se hizo sentir. «Tenía mucho miedo, mucha angustia. Y mis compañeras también, pero nadie se bajó en ese momento», recordó.
La capitana contó que, en el punto decisivo, buscó un espacio libre para colocar el balón y cerrar la jugada. Después de la victoria, las jugadoras se abrazaron y lloraron de emoción al ver el resultado de tantos meses de preparación.
Para el profesor David, otro de los aspectos más valiosos fue la unión del grupo. Las jugadoras mantuvieron una relación cercana y trabajaron como equipo, con el liderazgo de Vania como capitana y el apoyo de sus compañeras. El entrenador destacó, además, la presencia constante de los padres de familia, cuyo compromiso acompañó al plantel durante el campeonato.


El título tiene un significado especial: en la edición anterior, Juan XXIII había terminado en el tercer puesto. Para varias integrantes, que el próximo año pasarán a otra categoría por su edad, ganar este ADECORE era una meta pendiente. Ahora, el siguiente desafío será buscar una convocatoria al equipo de medianas, que también se coronó campeón este año y mantiene un alto nivel de competencia interna.
Con este resultado, las deportistas celebran el fruto de una temporada de esfuerzo, disciplina y perseverancia, y dejan en alto el nombre de Juan XXIII, demostrando que la confianza y el trabajo en equipo pueden cambiar el rumbo de un partido hasta el último punto.


