Más de 120 familias participan este año en el proceso de catequesis de Primera Comunión, una experiencia donde los propios padres asumen el rol de catequistas y acompañan espiritualmente a sus hijos en el camino de la fe.
Los martes por la noche y los domingos por la mañana se han convertido en espacios especiales para decenas de familias de nuestro colegio. No se trata solo de clases de catequesis, sino de encuentros donde padres e hijos comparten juntos un camino de formación espiritual, compromiso y crecimiento en la fe.
Este año, la catequesis de Primera Comunión mantiene una característica que la hace especialmente significativa: son los mismos padres de familia quienes asumen el rol de catequistas de sus hijos y de pequeños grupos de estudiantes de distintas aulas.
La hermana Evelyn, quien forma parte de este programa al lado de miss Fátima Guzmán y miss Karina La Barrera, explicó que esta propuesta busca fortalecer el papel de la familia como primera formadora en la fe. «La catequesis familiar permite que los mismos papás participen siendo los catequistas de sus hijos y de un grupo de compañeros. Esto les ayuda a continuar una labor que es propia de su vocación como padres: transmitir la fe y conducir a sus hijos por el camino espiritual», comentó.
La convocatoria fue recibida con mucho entusiasmo. Durante la primera reunión de familias se presentó la propuesta y decenas de padres decidieron sumarse voluntariamente al servicio pastoral. «Empezamos con 34 papás inscritos y actualmente son 40 los que han recibido la cruz misionera y la cruz de San Damián», señaló la hermana Evelyn.
La catequesis inició formalmente el 26 de abril y culminará el 26 de septiembre, fecha en la que se celebrará la ceremonia de Primera Comunión. Sin embargo, antes de ello los niños participarán en retiros espirituales programados.
Para la hermana Evelyn, lo más valioso de esta experiencia es ver el compromiso que asumen las familias pese a las responsabilidades diarias. «A mí me sorprende ver cómo estos papás siempre están dando un paso adelante, queriendo aprender y dar más. Llegan después del trabajo, dejan muchas cosas y aun así vienen con entusiasmo y responsabilidad», expresó.
El proceso de formación se desarrolla semanalmente. Los martes, los padres reciben preparación y acompañamiento sobre los temas que luego trabajarán con los niños durante la catequesis dominical. Además, se les entregan materiales y orientaciones para desarrollar las sesiones.
«Primero ellos reciben formación personal de acuerdo a su vocación y luego desarrollamos juntos la sesión de catequesis que van a trabajar el domingo siguiente», explicó. Sin embargo, el aprendizaje no se limita únicamente a contenidos religiosos. Los padres también participan en espacios de reflexión sobre matrimonio, educación en la fe, comunicación familiar y crianza de los hijos.
«Los papás reciben temas sobre cómo afrontar momentos difíciles en la familia, cómo influyen los medios de comunicación en la crianza o cómo fortalecer la vida matrimonial. Lo bonito es ver que quieren seguir formándose para dar lo mejor a sus hijos», destacó la hermana Evelyn.



Actualmente, alrededor de 120 padres participan en este proceso formativo junto a sus hijos. Incluso quienes no son catequistas asisten a los encuentros y reciben formación paralela mientras los niños desarrollan sus actividades.
La experiencia también ha permitido fortalecer los lazos entre las familias. Según cuenta la religiosa, muchos padres llegan acompañados no solo de los niños de catequesis, sino también de sus hijos menores, convirtiendo cada encuentro en un verdadero espacio familiar. «Uno los ve llegar temprano, con todos sus materiales, con mucha disposición y con ganas de participar. Ahí se nota el interés real de las familias», comentó.
Para la hermana Evelyn, esta experiencia también representa un aprendizaje personal y una oportunidad para valorar profundamente la vocación familiar. «Como consagrada, ver esta entrega me hace valorar muchísimo la vocación matrimonial y el ser padres de familia. Ellos están entregando su tiempo, su vida y su amor al servicio de sus hijos y de otras familias», afirmó.
Así, en Juan XXIII, la catequesis de Primera Comunión no solo prepara a los niños para recibir un sacramento, sino que también fortalece la fe y la unión familiar, construyendo comunidad desde el compromiso, el servicio y el amor.


