Los exalumnos Thais Sánchez Li, Walter Lung Maesato y Ximena Minaya Aguirre, se suman al equipo de Juan XXIII como nuevos formadores, llevando su experiencia en psicología y deporte para acompañar el crecimiento de los estudiantes desde el mismo lugar donde iniciaron su propia historia.
En Juan XXIII, el inicio de un nuevo año escolar también trae consigo historias que cierran círculos. Este 2026, tres nuevos formadores se suman al equipo educativo de la institución con un vínculo especial: los tres caminaron por los mismos pasillos cuando eran alumnos y hoy regresan para aportar su experiencia profesional.
Se trata de Ximena Minaya Aguirre, psicóloga egresada de la Pontificia Universidad Católica del Perú, Thais Sánchez Li, campeona internacional de Wushu y entrenadora, y Walter Lung Maesato, exentrenador de la selección peruana de vóley de menores y DT de Olva Latino en la Liga Nacional Superior. Sus trayectorias son distintas, pero comparten un mismo punto de partida: la formación recibida en el colegio.
Volver a casa desde otro rol
Para Ximena Minaya, regresar al colegio en el que estudió desde los cinco años hasta terminar la secundaria es una experiencia profundamente emotiva. «Nunca pensé estar en el colegio trabajando desde este otro lado, no como alumna sino como parte del equipo. Estoy sumamente contenta por la oportunidad de poder aportar desde mi formación», comenta.
Minaya pertenece a la promoción 46 y recuerda con nostalgia su etapa escolar. Hoy, sin embargo, vive una nueva perspectiva: la de acompañar a los estudiantes desde su especialidad en psicología.
El reencuentro con docentes que la conocen desde pequeña ha sido una de las experiencias más significativas. «He sentido muchísima acogida. Muchos profesores me conocen desde que tenía cinco años, pero ahora también hay una línea que marca que somos parte del mismo equipo», señala.
Cuando piensa en lo que significó el colegio en su vida, lo resume en tres palabras: valores, cultura y afecto. «El colegio me dio muchísimo en formación de valores. Lo recuerdo con mucha nostalgia y ahora estar aquí es una experiencia muy bonita», afirma.

Del taller escolar al podio internacional
La historia de Thais Sánchez Li está profundamente ligada al deporte. Su relación con el wushu comenzó cuando apenas tenía seis años, después de ver una exhibición en el colegio. «Me llamó mucho la atención y le pedí a mi mamá que me inscribiera en el taller», recuerda.
A partir de ese momento, el arte marcial chino se convirtió en parte fundamental de su vida. Durante su etapa escolar logró importantes resultados: campeona nacional desde 2013 hasta 2020, campeona sudamericana en 2013 y 2018, además de un campeonato mundial en 2019 en la modalidad tradicional.
Tras terminar el colegio, continuó su carrera deportiva mientras estudiaba Ingeniería Biomédica en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde ingresó como deportista y representó a la universidad en diversas competencias.
Compaginar estudios y entrenamiento no fue sencillo. «Había ciclos en los que tenía que acomodar mis cursos para que coincidieran con los entrenamientos. A veces faltaba a clases o buscaba otros horarios para poder entrenar», cuenta.
Hoy, su retorno al colegio marca una nueva etapa: la de transmitir lo aprendido a las nuevas generaciones. «Es una oportunidad de retribuir a mi colegio lo que yo aprendí aquí. Me da mucho gusto poder enseñárselo ahora a los chicos», dice.
Actualmente trabaja con el grupo de estudiantes que recién se inicia en el taller de wushu. Su principal objetivo es formar bases sólidas y despertar en los niños el gusto por el deporte. «Me gustaría que encuentren ese amor al deporte desde sus primeras clases. Tal vez no todos seguirán en esto, pero que el tiempo que estén lo disfruten y aprendan algo importante», explica.

Una formación que trasciende
El tercer regreso es el de Walter Lung, de la promoción 22, quien asume el reto como entrenador de vóley masculino. Su historia con el colegio comenzó en la adolescencia, cuando veía a sus hermanas jugar esta disciplina. Desde entonces, el deporte se convirtió en parte importante de su vida. Durante su etapa como estudiante, su equipo logró mantenerse constantemente en el podio, acumulando medallas en distintas competencias.
Hoy, su regreso tiene un significado especial. «Me siento un poco en deuda con el colegio por todo lo que me dio. Tuve grandes formadores, como Iván Villacampa y Mario Rivas, y ahora quiero aportar desde mi rol como entrenador», señala.
Su camino hacia la dirección técnica no fue inmediato. Inicialmente estudió Administración, pero una oportunidad en el ámbito deportivo lo llevó a descubrir su vocación como entrenador. Con el tiempo, asumió responsabilidades cada vez mayores hasta consolidarse en ese rol.
En Juan XXIII, actualmente trabaja con las categorías masculinas intermedias y mayores, además de apoyar a otros entrenadores. Su objetivo es claro: mantener el nivel competitivo que caracteriza al colegio. «Queremos estar siempre dentro de los primeros lugares, trabajar en conjunto y seguir formando equipos competitivos, tanto en la rama masculina como femenina», afirma.

Un círculo que se cierra
El regreso de estos exalumnos refleja el espíritu de comunidad que caracteriza al colegio. Más que un lugar de aprendizaje, la institución se convierte en un espacio donde los vínculos se mantienen a lo largo del tiempo.
Ahora, desde la psicología y el deporte, Ximena, Thais y Walter acompañarán el crecimiento de nuevas generaciones de estudiantes, demostrando que la formación recibida en el colegio puede convertirse, años después, en una forma de devolver lo aprendido.


