Fortalecemos nuestros protocolos de prevención y respuesta ante emergencias mediante la capacitación de sus brigadas y la articulación con autoridades locales.
La seguridad de los estudiantes requiere preparación constante, coordinación y, sobre todo, saber cómo actuar antes, durante y después de una emergencia. Con ese propósito, el equipo de Brigadas de Juan XXIII sostuvo el pasado jueves 13 de agosto una reunión de coordinación con representantes de Seguridad Ciudadana y Gestión del Riesgo de Desastres (GRD) de la Municipalidad de San Miguel.
El encuentro permitió compartir recomendaciones, experiencias y lineamientos destinados a fortalecer la capacidad de respuesta de la comunidad educativa frente a sismos y otras situaciones de riesgo. Esta articulación también permitirá reforzar la capacitación de docentes y delegados de aula, consolidando una cultura de prevención y cuidado.
En el colegio, la preparación involucra a diferentes equipos. Actualmente, se cuenta con 20 brigadistas estudiantes en Secundaria y 20 en Primaria, además de docentes que integran las brigadas de Gestión del Riesgo de Desastres y lucha contra incendios. Estos grupos reciben capacitaciones y participan en actividades orientadas a responder de manera organizada ante una eventual emergencia.
A ello se suma la brigada de salud, integrada por personal capacitado en primeros auxilios, y la brigada socioemocional, que cumple un papel importante frente a situaciones de pánico o ansiedad que puedan presentarse durante una emergencia. Esta atención resulta especialmente relevante para acompañar a estudiantes que requieren apoyo particular frente a determinados estímulos o situaciones.
Prepararse antes de que ocurra una emergencia
Uno de los principales aprendizajes compartidos durante las actividades de prevención es que un simulacro no debe limitarse a practicar una evacuación. El objetivo es que estudiantes y docentes comprendan qué hacer en cada momento de una emergencia.
Durante un sismo, por ejemplo, los estudiantes que se encuentren en el segundo o tercer piso deben permanecer dentro del aula y ubicarse debajo de una mesa o carpeta, adoptando una posición de protección, hasta que termine la señal de alarma. Recién después se inicia la evacuación hacia las zonas de seguridad establecidas.
En este proceso, el rol de los docentes y brigadistas es fundamental. La prioridad es mantener la calma, acompañar a los estudiantes y asegurar que quienes necesiten apoyo puedan desplazarse de manera segura. En el caso de estudiantes con discapacidad o con necesidades específicas, los responsables de cada aula deben permanecer junto a ellos y facilitar su desplazamiento.
La institución también ha venido reforzando la identificación de las zonas de seguridad y los perímetros de evacuación, de manera que los integrantes de la comunidad educativa reconozcan previamente los espacios a los que deben dirigirse.



Del simulacro a una respuesta real
Durante las actividades de preparación se destacó la importancia de pasar de una práctica centrada únicamente en la evacuación a una comprensión integral de lo que puede suceder durante una emergencia.
La preparación contempla tres momentos: el antes, el durante y el después. El primero implica conocer las zonas seguras, los protocolos y las responsabilidades de cada integrante de la comunidad. El segundo requiere saber cómo actuar mientras ocurre el evento, priorizando siempre la calma y la protección. Finalmente, el tercero comprende las acciones posteriores, como la permanencia de los estudiantes en el colegio y los protocolos de comunicación y recojo por parte de las familias.
En este último punto, se recordó que, después de una emergencia, los estudiantes y docentes no deben abandonar inmediatamente el colegio. La institución cuenta con protocolos específicos para la comunicación con las familias y el posterior recojo de los estudiantes, con el propósito de garantizar que este proceso se realice de manera ordenada y segura.
La preparación también contempla espacios como la enfermería y los equipos de primeros auxilios, que complementan el trabajo de las brigadas y permiten atender posibles eventualidades.


Una cultura de prevención
La experiencia de los simulacros y la coordinación con especialistas buscan que la prevención forme parte de la vida cotidiana del colegio. Más que reaccionar ante una emergencia, el objetivo es que cada integrante de la comunidad sepa reconocer los riesgos, mantener la calma y actuar de acuerdo con su responsabilidad.
En ese sentido, las próximas acciones estarán orientadas a socializar los nuevos lineamientos con docentes y estudiantes y a continuar practicando los protocolos. El propósito es que, ante una situación real, las acciones no dependan de la improvisación, sino del conocimiento y la preparación adquiridos previamente.


